El Palatino

Por • 1 feb, 2011 • Sección: Lugares

El Palatino es una de las siete colinas de Roma, situado entre el Velabro y el Foro, y es una de las partes más antiguas de la ciudad. El sitio es ahora un museo al aire libre y se puede visitar durante el día. La entrada está cerca del Arco de Tito en el Foro Romano. El Palatino es uno de los montes centrales de Roma, pero a diferencia del Capitolio y el Aventino está cerca del río, aunque no junto a él. La altura máxima es de 51 metros. La colina se ve de un lado del Foro Romano y del otro en el Circo Máximo.

El Palatino, Roma

El Palatino, Roma

La cumbre fue evocada como Central Palatium, mientras que la pendiente que desciende hacia el Foro Boario y el Tíber se llamó Germalus. Está conectado con el Esquilino y un segundo pico, la Velia. La leyenda cuenta que Roma tiene sus orígenes en el Palatino. De hecho, las excavaciones recientes han demostrado que la gente vivía allí ya en 1000 A.C. Era una aldea de unas pocas hectáreas, rodeada de pantanos, con los cuales era posible controlar el curso del Tíber. Esta es la primera área urbana de la “Roma cuadrada”, llamada así por la forma aproximadamente romboidal en la cima de la colina donde se encontraba.

En La Eneida y otras fuentes se cuenta cómo los griegos vivieron en el Palatino, los inmigrantes de la Arcadia, dirigidos por Evandro y su hijo Pallas. Se desconoce donde nacen estas leyendas, pero es un hecho que en el panteón de las deidades menores de la Arcadia existían los nombres de Evandro y Pallas. Tal vez fuera que esta zona haya sido visitada en la antigüedad por comerciantes y marineros helenos, antes de la desaparición de la Magna Grecia, detalle confirmado por algunos descubrimientos arqueológicos. Según la mitología romana, el Palatino (más precisamente la ladera del pantano que unía el Palatino al Capitolio, llamado Velabro) fue el lugar donde Rómulo y Remo fueron encontrados por la loba que los mantenía vivos en la lactancia, la “Cueva de los Lupercale”. Según esta leyenda, el pastor Fáustulo encontró a los lactantes y, junto con su esposa Acca Larentia, crió a los niños. Cuando Rómulo, ahora un adulto, decidió fundar una nueva ciudad, eligió este lugar. La casa era una choza ubicada en la esquina noroeste de la colina, donde más tarde se levantó la de Augusto. Las excavaciones de 1946 han encontrado en este sitio restos de cabañas de la Edad de Hierro, confirmando plenamente la tradición de la leyenda. El nombre de la colina, tenía la misma raíz que el de la diosa Pales, cuya celebración se realizaba el 21 de abril, fecha que se estableció como de fundación de la ciudad.

Fue sede aquí también la fiesta de Lupercalia, vinculada a la mítica loba: al pie del Palatino, una procesión de sacerdotes vestidos con pieles de lobo se dirigía hacia el Tíber, en un rito de fertilidad. La leyenda mítica de los gemelos amamantados por la loba llegó mucho más tarde a Tácito. Los emperadores romanos construyeron sus palacios en el Palatino. Las ruinas de los palacios de Augusto, Tiberio y Domiciano son todavía visibles. Augusto compró la casa del orador Hortensio, situado junto a la llamada “casa de Rómulo”, que todavía existía, según la tradición, hacia el 31 a. C.; luego se expandió con la compra de las casas vecinas y se quedó allí, hasta convertirlas en un verdadero palacio. Una porción de la residencia fue entregada a su esposa, Livia, la “Casa de Livia”. En la actualidad las dos residencias no están abiertas al público.

Dentro de la residencia, Augusto construyó el templo de Apolo Palatino, con un amplio porche y bibliotecas. En la época republicana el Palatino fue el lugar de diversos cultos. En particular es importante el de la Magna Mater (Cibeles), introducido desde Asia Menor durante la Segunda Guerra Púnica, y los de Apollo y Vesta, cuyo santuario fue fundado por Augusto en su propia casa (el templo de la Magna Mater, el Templo de Apolo Palatino, el Templo de Vesta). En la época republicana la colina se convirtió en la sede de los hogares de la clase gobernante romana. Surgieron uno tras otro los palacios imperiales de Tiberio (Domus Tiberiana, ampliado por Calígula), Nerón (el Domus de Transición y parte de la Domus Aurea), Flavio (Domus Flavia y Domus Augustana) y Septimio Severo (Domus Severiana y Septizodium). Al final de la colina imperial había una sucesión única de los edificios imperiales y los jardines, que formaban un gran complejo único para el uso de los emperadores. Desde entonces, la palabra “palatium” comenzó a indicar el “palacio” por excelencia, entendida como la residencia imperial primero y más tarde como un nombre común, presente en todas las lenguas europeas.

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